Bienvenidos al maravilloso Cabaret Voltaire

José Antonio Sarmiento: “El Cabaret Voltaire era un sitio minúsculo que cambió la historia del arte”

José Antonio Sarmiento (Las Palmas, 1952) es uno de los nombres fundamentales del Arte Sonoro. En 2017 se han cumplido cuarenta años de su primera exposición en las calles de París que tituló “Destruction”, ha obtenido el Premio Nacional como mejor monografía en Arte y Humanidades de Edición Universitaria por su obra Cabaret Voltaire (UCLM, 2016) y ha sido uno de los autores de referencia en las dos exposiciones que este año han tenido por tema el Arte Sonoro,  “Espacio Sonido. Silencios” en el Patio Herreriano de Valladolid y “Arte sonoro en España (1961-2016)” de la Fundación Juan March.

Siempre hay una excusa para entrevistar a José Antonio Sarmiento. Poliédrico y múltiple. Artista, profesor, crítico, comisario, editor y buscador de obras artísticas olvidadas. Director del Centro de Creación Experimental, co-creador de ((RAS))  y director de la revista Sin Título, en 2015 editó en castellano la obra “Para la voz”, del poeta ruso Vladimir Maiakoski y el pintor El Lissitski que se publicó por primera vez en Berlín de 1923. En 2016 publicó “178 dardos dadá”, una recopilación de frases y aforismos envenenados siguiendo la línea de una tradición por la que circularon Juvenal o Quevedo. Como decía la poeta Emmy Hennings, parece querer “vivir todas las vidas”.

En la última planta de la Facultad de Bellas Artes de Cuenca, en la buhardilla, se encuentra la puerta del aula 207. Es una puerta pequeña en un pasillo pequeño y oscuro. El aula tiene las paredes de cemento, techos altos y un inmenso tragaluz. Desde ahí se accede a la mítica cabina de Radio Fontana Mix y a una sala minúscula de cinco metros cuadrados (Sala 5) donde el curso pasado se presentaron unos “Etcéteras” de Juan Hidalgo.

Sarmiento se sienta a un lado de la mesa del profesor que llena de revistas y afiches antiguos: “Estamos hablando de movimientos artísticos. A veces surgen agentes e ideas en momentos determinados”. En esta ocasión hablamos de su obra Cabaret Voltaire, una obra donde se reúnen cartas, poemas, diaros, entrevistas, partituras o fragmentos dramáticos que reconstruyen aquellos maravillos cinco meses en Zurich que marcaron uno de los momentos clave del arte del siglo XX.

“Señoras y señores el Cabaret Voltaire no es un club cualquiera. No nos hemos reunido aquí para mirar frufús y piernas ni para escuchar cancioncillas populares. El Cabaret Voltaire es un lugar de cultura.” Hugo Ball

Cabaret Voltaire no es una obra que salga de la nada. Se incrusta perfectamente en la trayectoria de Sarmiento, que aunque integrado en la academia universitaria, nunca ha perdido su radicalidad artística y sigue sintiéndose cómodo en lo heterodoxo. Esta obra es un esfuerzo más para que los medios colectivos sigan haciéndose eco de las tendencias menos ortodoxas del arte contemporáneo.

José Antonio Sarmiento publicó en 1991 Críticas a un concierto zaj. Zaj, nos cuenta, “fue un grupo de vanguardia que se creó en España en los años 60 al estilo del grupo Fluxus. Era algo sorprendente en un país en el que todavía existía una dictadura como la franquista, pero en la que a pesar de todo había una vanguardia. El grupo utilizaba la palabra zaj para burlar la censura. Era una sucesión de happenings que tuvo mucho eco porque se hizo en un teatro público y fue suspendido. Fueron muchos los periodistas que acudieron al espectáculo y que relataron en sus crónicas lo que vieron. Yo me limité a recoger los artículos de prensa y a publicarlos tal cual para que el lector pudiera hacerse una idea de lo que ocurrió allí”.

“Ni alegre, ni triste, el poeta ultramodernista Tristan Tzara recitaba su canción”. Julio Álvarez del Vayo.

En 2013, publicó el libro Las veladas ultraístas sobre este movimiento vanguardista “que se crea en España en 1919, mezcla de futurismo y dadá. En Sevilla y Madrid se hicieron tres espectáculos públicos y pasó lo mismo. En esta ocasión, casi novelo lo que ocurrío allí y añadí un largo anexo donde aparece la información que salió en la prensa. Estas publicaciones me llevaron al Cabaret Voltaire.”

De las acciones del movimiento zaj (1966), de ahí a las Veladas Ultraístas (1919) y, para completar la trilogía, el Cabaret Voltaire (1916). La historia de sólo cinco meses que marcaron la historia del arte del siglo XX. “A veces es bueno que las cosas duren poco, porque si alargas, ya es repetir y repetir. Cinco meses son suficientes y potentes. Se hicieron cosas con mucha fuerza y que realmente sorprendían al público.

Acaban de cumplirse cien años del Cabaret Voltaire y del nacimiento del Dadá, un movimiento fundamental en el arte contemporáneo.

Estamos hablando de uno de los grandes movimientos artísticos del siglo XX, es el que rompe, el que inicia. Es fundamental en la historia del arte. En su centenario, pensaba que habría un francés o un alemán que haría un estudio detallado del Cabaret Voltaire. Y no lo ha hecho nadie.

¿Cómo nace Cabaret Voltaire?

Hugo Ball y Emmy Hennings llegaron a Zurich huyendo de la Alemania de la Primera Guerra Mundial. Allí había intelectuales franceses y alemanes que a pesar de que eran enemigos en la guerra, allí eran amigos. Se saludaban en la calle y a unos cuantos kilómetros sus compatriotas se mataban en los campos de batalla. Hugo Ball estuvo trabajando en una compañía de cabaret donde Emmy cantaba canciones populares de la época y él tocaba el piano. Quiso salir de ahí, pero tenían que vivir. De ahí surge la idea del Cabaret Voltaire. Era un sitio minúsculo, con capacidad para apenas treinta o cuarenta personas, una habitación dentro de un restaurante típico llamado “La Lechería Holandesa”.

¿Quiénes eran los habituales del Cabaret Voltaire?

En general, la gente que iba eran estudiantes y gente que pululaba por el Zurich de la época, espías, escritores o pintores. La casualidad hizo que coincidieran una serie de artistas y creadores que después fueron muy importantes en la cultura europea como Tristán Tzara, que entonces era un joven rumano que estudiaba en Zurich y que formó parte de las actividades del Cabaret Voltaire.

Aunque como ocurre con todas las vanguardias, pasó desapercibido para la gente de Zurich. No es hasta la exposición de 1959 en torno al Dadá cuando se recupera el Cabaret Voltaire. Durante más de cuarenta años no se habló de él. Esa es una de las razones por las que el Cabaret Voltaire se asocia al Dadá y no es cierto. Al principio era un cabaret expresionista porque los artistas y poetas que participan son expresionistas. Será en mayo cuando aparece el término Dadá, antes era un cabaret literario y nada más. El propio Hugo Ball pasa de una poesía expresionista a una fonética.

Es curiosa la variedad de artistas que participan en el catálogo que editaron.

Eso llama mucho la atención. Es un catálogo en el que aparecen Picasso, Modigliani, Kandinsky, Marinetti,.. El Dadá no estaba definido en el cabaret Voltaire. La primera velada dedicada exclusivamente al Dadá se celebrará cuando ya se haya cerrado el cabaret.

Llama mucho la atención la crónica del Cabaret Voltaire que el periodista español Julio Álvarez del Vayo publicó en su obra La senda roja.

No hay muchas crónicas periodísticas pero sí unas cuantas muy interesantes. Julio Álvarez del Vayo es uno de los que estuvieron allí y cuenta lo que ve. Era un periodista muy famoso en la España de la época y colaboraba con periódicos importantes. Era un asiduo del Cabaret Voltaire y se dice que fue amante de Emmy Hennings. Posteriormente llegó a ser ministro en la república por el Partido Socialista y acabó siendo uno de los líderes del FRAP, de tendencia maoísta. Un personaje de novela.

Ese texto sobre el Cabaret Voltaire termina con un enigmático “Nadie prestaba, sin embargo, atención a otro revoluzzer de más calibre que vivía en Spielgasse, en un cuartucho de estudiante, alejado de cafés, entre su casa y la biblioteca.”

Curiosamente Lenin vivía una calle más abajo, hay incluso una novela del francés Dominique Noguez que narra una hipotética visita del Lenin al Cabaret Voltaire, pero eso nunca ocurrió. Es ficción.

Esa novela ha llevado a confusiones, como la de Juan Manuel de Prada que en el ABC Cultural publicó un artículo titulado “Lenin y Dadá” y da por hecho que Lenin estuvo allí. Es falso totalmente, fuera del Cabaret Voltaire nadie sabía lo que estaba ocurriendo allí.

Traducir al castellano este tipo de textos y de poesía experimental no debe ser fácil.

Yo trabajo con uno de los mejores traductores que hay en España. Se llama José Luis Reina Palazón y está considerado uno de los maestros de la traducción. Tiene dos premios nacionales de traducción, uno por la obra de Paul Celán y otro por el conjunto de su obra.

¿Cuanto hubiera pagado José Antonio Sarmiento por haber asistido a una de estas veladas de Zurich?

Se levanta pensativo. Sus alumnos ya han comenzado a entrar al estudio de radio. Guarda los afiches y revistas antiguas que ha ido desplegando sobre la mesa a lo largo de la entrevista y con una medio sonrisa se despide con un “a mi me hubiese encantado haber asistido”.

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