Ladrón de bicicletas (I): Introducción

“¡De Sica! Un hombre fantástico.

De gran aposura, guapo, ¡parecía un papa! ¡Cuánto me divertí con él!

¡Qué hombre tan ingenioso, qué maestro!”

Marcello Mastroiani, Sí, ya me acuerdo…

Ladrón de Bicicletas aparentemente no cuenta ningún hecho extraordinario, pero siempre cuenta entre las mejores películas de la historia del cine y es uno de los símbolos de esa corriente desoladora que fue el neorrealismo. Es una película que no debe ser tomada a la ligera. Nos presenta una gran variedad de temas, una amplia galería de personajes, una intensidad emocional y una serie de mensajes que es necesario asimilar lentamente.

Vittorio de Sica estuvo a punto de no poder realizarla por falta de financiación, ya que los productores no confiaban en que una historia tan simple pudiera funcionar. La gente quiere ir al cine a disfrutar y a soñar, quiere ir al cine a ver a Cary Grant y no a mirar ese mundo de miseria y reconocerse en él. Nadie pagaría por ir al cine a ver aquello que puede ver mirando a través de la ventana o mirándose en un espejo.

A pesar de ello, Ladrón de Bicicletas ocupa el punto central del neorrealismo italiano y probablemente es el film europeo más influyente del cine. En muchos aspectos más influyente incluyo que Hitchcock, ya que cruzó los límites de la pantalla para ser una referencia clara en la literatura de los años cincuenta y sesenta. Es difícil leer El Jarama de Sánchez Ferlosio sin ver detrás de su Madrid la Roma de De Sica.

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