Ladrón de bicicletas (IV): Los personajes

Lamberto Maggiorani un obrero siderúrgico da vida al protagonista Antonio Ricci. Como la mayoría de los actores de este rodaje, nunca había aparecido en una película. Después de Ladrón de Bicicletas trató de dedicarse al cine, pero sólo podemos encontrarlo como secundario en otras dos películas: Vacanze con el Gánster (Dino Risi, 1951) y El suceso de Via Padova (Giorgio Bianchi, 1954). Se volvió anónimo entre la multitud como lo hace Antonio Ricci al finalizar la película.

Cuenta la historia que De Sica se encontró con Lamberto por casualidad por las calles de Roma, después de haber rechazado para el papel a Cary Grant. Lo cierto es que fueron cientos los obreros que se probaron el zapatito de cristal y no les entraba. El Antonio que buscaba De Sica todavía no lo había descubierto el mundo. Después sabríamos que es un poco del Dean Martin de Río Bravo (1959) que se transforma en el impasible Clint Eastwood del Spaghetti Western. Tenemos claro desde el primer momento que, una vez asumido el destino de un Sísifo contemporáneo, continuará cargando con su piedra colina arriba aunque sepa que nunca podrá de recuperar la bicicleta.

Sin embargo, pronto nos damos de cuenta que Antonio Ricci no es el verdadero protagonista de la cinta. Éste se sitúa unos centímetros más abajo, a la misma altura que el Antoine Doinel de Los 400 golpes (1959) de Truffaut. Es el futuro que mira la acción tratando de comprender. Se acabaron los sueños gloriosos y la realidad desoladora de la posguerra hace que estos niños tengan que crecer rápidamente para tomar de la mano.

La tragedia clásica flota constantemente sobre la cabeza de Antonio, el protagonista de esta historia cotidiana de la Roma de posguerra. Una tragedia que no observamos desde la distancia, sino quizá desde los ojos del pequeño Bruno. Dentro de su ropa sucia y remendada hasta el infinito. Pero no es una suciedad de atrezzo, es una suciedad real, de personaje real, porque esa es la fuerza de esta obra, la realidad de esa suciedad y esa miseria que inunda el vestuario, las casas y las calles. Miseria real.

Un personaje el del niño que se contrapone con su gestualidad al rostro impenetrable y casi inexpresivo del padre. Estamos ante una de las mejores interpretaciones de un niño en la historia del cine. Compleja, rica en matices y en detalles. Muy trabajada y estudiada, pero que al mismo tiempo permite integrar en su interpretación los azares del rodaje, como en la escena de la lluvia del mercado en el que corre a refugiarse junto a su padre, tropieza y cae en un charco.

Tampoco sería lo mismo esta cinta sin la presencia de“La Mamma”, la guionista y actriz Lianella Carell, que aunque desaparece del arco narrativo a lo largo de la película sigue estando muy presente, simbolizando la seguridad del hogar al que regresar, aunque sea derrotado y humillado.

Mención aparte merecen los actores secundarios que pueblan esta película. Fellini fue el rey del personaje histriónico, pero es imposible ver esta película sin reconocer en ella a personajes que muy bien podrían formar parte de Amarcord (1973) o La voce della Luna (1990). El casting es tan meticuloso que uno imagina las miles de horas dedicadas a buscar actores no profesionales, como el cantante de la orquesta del restaurante o el feo de la adivina que nos parecen incluso más reales que la realidad. Una reseña extra merece el tipo que trata de comprarle el timbre a Bruno en el mercado y que según algunos autores no estaba en el guión o al menos el resto de actores no sabían de su existencia.

Un guión que puede parecer parco en palabras pero magistral en el trabajo actoral, donde cada uno de los cientos de extras que aparece en el film está haciendo algo y puede ser protagonista de la mirada del espectador.

Tampoco debemos olvidar que en algunas escenas los que aparecen en la película no lo saben que estaban siendo filmados pues algunas escenas están grabadas con cámara oculta, como es el caso de la escena final. Volvamos un momento a la escena de la que hablábamos antes, la del pervertido que trata de comprar el timbre al niño. Observemos detrás de él. Veremos un extra que mira directamente a la cámara sorprendido de que alguien esté grabando en un mercado.

Para finalizar sería interesante no olvidar que esta película cuenta con siete guionistas, a saber, Oreste Biancoli, Suso D’Amico, Vittorio de Sica, Adolfo Franci, Gherardo Gherardi, Gerardo Guerrieri y el gran Cesare Zavattini. Encontraremos pocas películas en las que se hayan cuidado tanto los detalles del guión más allá del texto.

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