Don Gustavo vs. Torner en la Casa Zavala

Estamos en 1955. El Torner artista lucha contra el Torner ingeniero en una disputa en la que se pone en juego la biografía. Dos Gustavos antagónicos que se debaten entre la zona de confort del ingeniero burgués y el artista que quiere descubrir el mundo. Van exponiendo sus argumentos en forma de fotografía sobre las paredes de la casa Zavala de Cuenca. Fotografías y argumentos que van inclinando la balanza hacia uno u otro lado.

En ese año de 1955, Gustavo Torner llega a Cuenca a ocupar su puesto de ingeniero en la Dirección General de Montes. Aquí redescubre una serranía abandonada y miserable. Puertas caídas, monaguillos tristes y niños de pantalones raídos y cara lastimera que nos miran desde las paredes de la Casa Zavala. Fotografías clásicas, casi documentales.

En ese año, alguien parecido a Ortega y Gasset se acerca en su primera exposición y le dice: “Pero, ¿cómo es posible? ¡viviendo en Cuenca y que no conozcas a Antonio Saura!”. Es el abracadabra que abre las puertas de la mente del artista. Era el verano de 1955 y Torner comienza a buscar en la naturaleza aquello que ve pintar en la casa del amigo.

En 1955 un aviso de la autoridad sobre la pared de un chospe que servía de parada de autobús: Prohibido pintar en las paredes bajo multa de 100 pesetas. El texto está pintado, casi esculpido, en letra de molde y le rodean cientos de dibujos infantiles o al menos de trazo infantil. Dibujos anónimos que retratan una época. Retratos, amores, tachaduras, mensajes que alguna vez quisieron ser leídos y muchos autobuses.

Autobuses llenos de gente que parten. Quizá el niño de la fotografía próxima estaba mirando a los que se iban haciendo mayores y emigraban a la ciudad. Autobuses cargados de maletas y camiones cargados de madera. Gentes y riqueza que emigran para siempre.

Una fotografía de un Torner joven que está a punto de cruzar la puerta de la abstracción y que lanza una última mirada al niño que dibuja en la pared. Un Torner que quizá quiere contarnos que él también estaba emigrando y a punto de comenzar esa aventura que le hará cambiar su buen trabajo como ingeniero forestal por un nosequé mundo de artistas y bohemios.

Y los niños de entonces dibujan a los mayores partiendo en La Rápida y Torner fotografía sus dibujos y parte con esa fotografía en el bolsillo a recorrer el mundo.

Sesenta y dos años después, un Torner eterno vuelve la vista atrás y selecciona esa imagen para su exposición. Y vuelve a recordar al Torner ingeniero forestal y al Torner niño que imaginaban al Torner artista marchando en ese autobús.

En ese año de 1955 se estrenaron las apocalípticas Godzilla y Tarántula. También las míticas Al Este del Edén y Rebelde Sin Causa. Pero el Óscar lo ganó la hoy casi olvidada Marty protagonizada por la “futura conquense” Betsy Blair. No es difícil imaginar a un Torner soñando con el Oeste prometido de John Ford. Paisajes cinematográficos de libertad que parece buscar en cada tocón, en cada piedra, en cada musgo de sus fotografías. Paisajes de área restringida los llamará en el futuro.

En 1995, Torner todavía no sabía que sería informalista ni que conocería a Zóbel. Un Torner en estado primigenio, ingeniero forestal y virgen artísticamente.

En algún momento entre la primavera y el verano se cruzaron Don Gustavo el ingeniero y Torner el artista. Don Gustavo estrenaba destino forestal y Torner comenzó a buscar su destino como artista. Ambos habitaron el mismo cuerpo en aquellos días de 1955. Antonio Saura ofició testigo, amigo y guía.

En “La Piel de la Tierra” el Torner actual también dialoga con el joven Torner haciendo balance de lo ganado y de lo perdido. En cada centímetro de la exposición se percibe el cariño que el Torner de hoy siente por la inocencia de aquellos tiempos.

El observador atento descubrirá esos pequeños detalles que hacen de Torner un maestro de la técnica expositiva. Cartelas discretas que acompañan pero no despistan. Iluminación perfecta, a veces pura, a veces tamizada con discretos filtros. Mima la luz y sobre todo el espacio. Torner respeta la obra y no la oculta tras aparatosos montajes de vinilos de colores. Paredes blancas y cada obra en su sitio. Dialogando entre ellas. Susurrando sus secretos. Obras silenciosas ante el espectador impaciente. Si tienes prisa, no busques a Torner, el Arte no se hizo para turistas con prisa. Es necesario sentarse y callar para escuchar como Torner habla consigo mismo.

Cuánto se echa de menos la finura y el amor por los detalles de cada una de las exposiciones diseñadas por Torner, tan alejadas de esa mediocridad estandarizada de las exposiciones hechas desde una plantilla comercial y no desde la mente del artista.

En “Torner 1955” se escucha pensar al artista y también al ingeniero. Sueños de paisajes lejanos en las rocas y en los árboles. Tierras de dragones, países lejanos, mundos futuros. Y en sus fotos está escribiendo su futuro. Ese que después esconderá bajo su aire de dandy cosmopolita y sensible. Lo prehistórico y lo futurista.

Nada es casual. Con Torner no existe la casualidad.

 

Ficha Técnica

  • Torner. La Piel de la Tierra. Fotografías 1955.
  • Casa Zavala.
  • Calle San Nicolás s/n (Cuenca)
  • Del 26 de octubre al 28 de enero de 2018.
  • Selección y Diseño: Gustavo Torner.
  • Producción: Consorcio de la Ciudad de Cuenca.
  • Coordinación: Pedro Mombiedro Sandoval.

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