Mário Pedrosa y el deleite de lo desconocido

Mário Pedrosa. De la naturaleza afectiva de la forma. Museo Reina Sofía. Madrid. Hasta el 16 de octubre de 2017

¿Quién es Màrio Pedrosa? Esa es la primera pregunta que uno se hace al dejarse caer por la exposición “Màrio Pedrosa. De la naturaleza afectiva de la forma” mientras, como la mayoría de los presentes, hace tiempo para ver la exposición del Guernica en el Reina Sofía.

La primera impresión es de confusión, pues en la limitada cultura artística generalista, ese nombre no figura. Las obras de las salas son muy diversas. ¿Un artista con tantos registros?

Tras la confusión viene la información y tras la información, el deleite.

Ésta no es una exposición antológica sobre un artista, sino sobre un crítico de arte. La exposición va recorriendo el arte en el siglo XX principalmente en Brasil, pero no sólo, sin sujetarse a una panorámica completa y antológica tan al uso, sino que lo recorre a través de las filias y gustos de Mário Pedrosa.

De su mano vamos descubriendo y evolucionando. En la primera sala nos da la bienvenida los grabados de Käthe Kollwitz, expresionistas y obreros,  manifiestamente alemanes pero con un aire a grandilocuencia soviética y que comparten sala con la obra de Candido Portinari y Emiliano Di Cavalcanti, autores casi desconocidos por estos lares, pero que a los principiantes nos evocan la obra de Diego Rivera, con o sin razón.

Pedrosa evoluciona y evoluciona la exposición. En la siguiente sala nos hipnotiza la belleza de la misma, de la composición, de las obras, su equilibrio, sus evocaciones. Es la abstracción brasileña la que nos embauca con esos cuadrados que bailan con sus sombras, esas maderas que se convierten en crucifijos o esas formas y colores que penden livianos del techo. Una sala absolutamente maravillosa.

La exposición continúa hablándonos de enfermedad mental y arte, también de humor. Y para cerrar el círculo del que vino a ver otra cosa pero se quedó impactado con lo que vió, nos despide una ilustración de Guernica un minuto antes.

Estas cosas sólo puede permitirse el Museo Reina Sofía, atraerte con una gran exposición y dejarte boquiabierto con otra que no esperabas y a la que te acercaste sólo para matar el tiempo. Bravo.

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