Sijena también es Puerto Urraco

De Sigena a Puerto Hurraco hay 773 kilómetros. Sin embargo, Sijena y Puerto Urraco son dos pueblos vecinos, casi unidos por el pegamento de la indiferencia. Sijena está en todos las televisiones, diarios y barras de bar. Villanueva de Sigena sigue en el olvido. Llegarán las unidades móviles y los políticos con banderas a darse golpes de pecho a las calles de la Sijena imaginaria poblada de héroes o diablos, según la bandera que los mire.
No estamos hablando de dónde deben estar las piezas románicas del antiguo Monasterio de Santa María de Sigena, sino de la ignorancia y desprecio con que tratamos al que vive fuera de la frontera de la urbe.

Lleida está a 75 kilómetros de Villanueva de Sigena, pero en nuestro interior sabemos que está más lejos que Almería o Santiago. Para muchos, ni siquiera existe. Para algunos, ni siquiera debería existir. Como tampoco existe Puerto Hurraco. Todavía podemos encontrar artículos y referencias al Puerto Urraco sin “h”, en El Heraldo de Aragón, El País, Levante, Diario Información, El Periódico de Aragón o ABC.

En esta ocasión El Mundo, Público, Expansión, El País, Cadena Ser o La Vanguardia se posicionan por el Sijena con “j”, mientras que en Público, La Voz de Galicia, el Plural, ABC, El Confidencial, El Correo Gallego, Ok Diario, El Heraldo o el Periódico de Aragón optan también por el uso de Sigena. Y algunos pensarán ¿a quién le importa que Sigena se escriba con “g” o con “j”? Probablemente se escriba de ambas maneras, derivadas de una grafía original que debió ser Sixena.

Hay gentes que no tenemos derecho ni a saber cómo nos llamamos. Somos el campo, lo ignorado, lo vacío. Nos define un hecho aislado. Nuestros diez segundos de gloria televisiva. Somos el pueblo del crimen o de las pinturas. Y con estos estereotipos cargaremos por generaciones. Somos esa España profunda y bárbara que no puede conservar su legado, porque acabaría vendido a un chamarilero, robado o comido por las ovejas. Somos esa España profunda que, a pesar de que pase el tiempo, siempre será vista como Las Hurdes. Pueblos que muchos parecen empeñados en que se pierdan para siempre porque su hecho diferencial no existe.

Y si me preguntan por el hecho concreto de la ubicación de las piezas románicas objeto de la polémica, tendré la tentación de pensar que en el fondo ninguno de los políticos las quiere. Me parece que, pese a los golpes en el pecho, las consideran un problema. Casi es lo mismo que moren entre los pasillos vacíos de un museo de Lleida o en un imaginario convento recreado. Quizá en su fuero interno los responsables políticos creen que es más rentable para ellos perder esta batalla.

Y en el fondo a las gentes de un lado u otro, más allá del orgullo de ganar el partido, les dará igual donde acaben las piezas, porque seguirán existiendo gentes de primera y de segunda. Habrá quienes ocupen la agenda mediática con sus banderas y sus himnos, sean éstos cuales quieran, y gentes que ya ni siquiera podrán reivindicar su nombre, porque nadie quedará para hacerlo.

Gentes de pueblo que no contamos ni nos cuentan. Habitantes de tierras que sólo salimos en las noticias para demostrar nuestra barbarie. Todos somos habitantes de Puerto Urraco.

Entrada a Villanueva de Sigena. Fuente: Google Maps

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